3 canciones para una semana (VIII)


Abrimos nuestra recomendación semanal con un grupo que nos ha sorprendido por la originalidad de sus videos.  Se llaman Omaha Bitch y son de origen francés. Las chicas son un recurso habitual para promocionarse pero en manos de estos gabachos adquieren un papel que podríamos calificar como “instrumental”. Lo podéis comprobar en este Dancing Cyprine.

Continuamos con otra novedad, el nuevo trabajo de Seal llamado Commitment estrenado a finales del pasado mes de septiembre. El single de presentación es una balada romántica, una declaración de amor para la que ha rodado un video muy especial. El autor de Killer y su bellísima mujer Heidi Klum, salen desnudos en la cama demostrando delante de las cámaras todo el amor que les une.

Si no os va mucho el rollo de la pareja retozando, también ha filmado otra versión alternativa.

Damos por concluída la sesión de hoy, regresando al pasado para rescatar a Big Audio Dynamite, el interesante grupo que formó a mediados de los 80 el ex-Clash Mick Jones. Una de sus canciones destacadas es la que llevaba por título la fórmula del teorema de Einstein, E=mc2.

Train In Vain. The Clash Vs Manic y A. Lennox


Nuevo enfrentamiento entre una canción original y sus versiones. Esta vez hemos elegido una de Los Clash, Train In Vain (Stand By Me), que fue publicada en 1980 en su mítico disco London Calling.  La compusieron una noche y al día siguiente la grabaron. La incluyeron en el álbum pero como pista oculta. La letra curiosamente no menciona en ningún momento el título,  pero sí su subtítulo Stand By Me. En una de mis películas favoritas, Alta Fidelidad, basada en el libro de Nick Hornby, suena de fondo mientras John Cusack intenta asimilar que su chica le ha dejado (ver video). Aquí tenéis a Joe Strummer, Mick Jones, Paul Simonon y Topper Headon en acción. Esto es una banda encima de un escenario:

En 1999 la banda de Gales Manic Street Preachers hizo una versión bastante fiel al sonido inicial aunque con la característica guitarra de James Dean Bradfield. Se editó como cara B de su single You Stole The Sun From My Heart. Así suena de bien en directo:

La integrante de Eurythmics, Annie Lennox, aportó un toque muy diferente a la canción, haciendo una versión entre el soul y el pop cuyo resultado es también brillante. Y es que las buenas canciones soportan cualquier estilo. Se publicó en 1995 en su album Medusa. Con cuál de las 3 os quedáis?

Las anécdotas hispanas de Joe Strummer (VII)


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Mick Jones y Tymon Dogg en el homenaje a Strummer en Granada en el 2003

Parce que fue ayer cuando empezamos con esta serial y ya vamos por la séptima parte. Esta vez Jesús Arias nos introduce a Mick Jones y nos relata cómo resolvió Strummer su enfrentamiento con él. Sin más rodeos, aquí tenéis el jugoso texto.

“Es que tiene ya los cincuenta y está listo de pelo. Pero el tío, realmente, es un encanto como persona. Exactamente igual que Joe, que Richard Dudanski, que Tymon Dogg. Yo no sé lo que tiene esa generación de punks ingleses, pero son todos dignos de conocer y de compartir una tarde de charla con ellos. Super-humildes. Les mencionas una canción suya y te dicen: “¡Dios mío, ¿conoces esa canción? Joder, gracias por decírmelo, me ha encantado que te guste!”. Y les preguntas: “¿Cómo tocabas esta canción?”, van, buscan una guitarra, se sientan a tu lado, y te dicen: “Yo la tocaba así”. Y te la tocan.

Ya puse en un tópic cómo se tocaba “London Calling”, según me la explicaron Joe Strummer (en 1985) y Mick Jones (en 2003).

Joe, a Mick Jones, le tenía muchísimo cariño. Creo que Joe empezó a confiarme muchas cosas y a contarme muchas cosas porque yo era, en sus tiempos de crisis, el único que le decía: “Tío, deberías llamar a Mick Jones, reconciliarte con él, charlar, volver a tocar juntos”. Ahí fue, en 1985, cuando Joe se me abría mucho, me hablaba mucho de sus crisis, de su inseguridad, de lo que echaba de menos el espíritu de The Clash.

Un día, en 1988, o mejor dicho, una noche, a las tantas, sonó el teléfono en casa. Era Joe. “Man, I did it. I phoned Mick today. He has invited me to visit the studio to see what BAD is doing right now. Gracias por el consejo, hombre”. Y me estuvo informando prácticamente a diario de todas las sesiones de “Tighten Up”, de los BAD. De que se había reconciliado con Mick Jones y quería que yo fuese el primero en saberlo.

Le conté eso a Mick Jones en 2003, justo mientras charlábamos con la Alhambra al fondo y mientras la fotógrafa de mi periódico nos hacía esa foto. “Al fin estoy en el sitio”, me contó Mick, “del que Joe me había hablado tantas veces… Granada. Y ahora lo entiendo. Tenía que haber venido antes. Teníamos que haber venido los dos antes aquí… Bueno, yo estoy aquí. Joe debe andar más o menos por aquí. Nunca debimos habernos peleado, porque siempre fuimos colegas (mates) (because we were always mates, soul-mates”.

Un tipo super-entrañable Mick Jones…”

Y para finalizar, 2 videos de aquella noche del 20 de agosto del 2003 en Granada.

Las anécdotas hispanas de Joe Strummer (IV)


joestrummer_chica_cocheHacemos un alto en las confidencias de Jesús Arias (bajo el seudónimo ExxonValdez sacadas de este hilo) para incluir un texto escrito por Santiago Auserón sobre su relación con Joe Strummer. Un texto que merece la pena desde el principo hasta el final. El líder Radio Futura, uno de los grupos más importantes de la movida madrileña, nos cuenta cómo conoció a Joe Strummer y varias anécdotas que figuran entre las mejores de todo su repertorio. Sobre una de ellas, la compra de un Dodge Dart del que se quedó prendado Strummer, Auserón no lo dice pero fue él quién le prestó 150.000 ptas para que lo comprara. Un coche que Joe le tuvo mucho cariño y que al irse a Londres precipitadamente porque su mujer se había puesto de parto, dejó en un parking de Madrid. Ya no lo pudo recuperar porque no recordaba dónde lo había dejado. Esta pérdida la tenía muy presente y a la mínima ocasión pedía ayuda por si alguien sabía dónde estaba. Una vez pasó algo gracioso. En el festival de Glastonbury de 1998 un reportero de Radio 3 le reconoció y le hizo una entrevista allí mismo. Strummer ni corto ni perezoso aprovechó la oportunidad para solicitar en antena la ayuda de los oyentes por si alguien sabía algo de su coche. Genio y figura.

“Al otro lado del hilo telefónico escucho una tarde de diciembre de 1985 la voz calurosa de un inglés que se hace llamar Joe Strummer, “el Rascador”. Quedamos en un bar cerca de la plaza de Roma de Madrid. Su presencia tiene la misma temperatura que su voz, una extraña mezcla de inquietud y control.

Pese al exceso de interés mal disimulado por mi parte, producto de su trabajo con un grupo de rock convertido en leyenda, logramos en poco rato conectar en torno a algunas claves, gracias a su manera de entender las canciones como arte callejero y proyección del deseo comunitario.

Intento explicarle mi idea del nuevo rock hispano y la conexión con el trabajo de los Clash. Adopta una expresión fascinada, con cierto halo de celuloide, pero se mantiene amistoso y cercano. Strummer lleva unos días deambulando por Madrid, trabajando con el grupo granadino 091, siguiendo un rastro de poesía lorquiana, tras haber medido el pulso de la gloria mediática.

A partir de la segunda cita el tono se vuelve confidencial: “Mi reputación en Londres, dice, no puede estar más baja.” Parece un apátrida exiliado del Imperio por su propia obstinación, pero no deja de ser un gentleman altivo. Nació en Ankara, hijo de diplomático inglés y madre escocesa, de las Highlands. Tiene ojos verdes de rebeldía ingenua y demoniaca. Vivió de niño en la ciudad de México. Amante puritano de los mitos del cine, rockero y activista, pistolero emocional, Joe no huye de su estrella torcida. Se pasea por Madrid con una bolsa roja que dice: “Clash”, como quien maneja las riendas del caballo de los sueños infantiles.

Se hace entender en los bares de barrio en un español balbuceante, aunque directo y preciso en sus intenciones. A última hora se acoda en la barra del King Creole, en actitud de mito accesible que no oculta su vulnerabilidad. Perfecto prototipo rockero, afronta la mirada atónita de los que se dan con él de bruces.

Suenan canciones de Lee Dorsey y Julie London. De vez en cuando, con gesto peliculero y brumoso, Joe se concentra en su libreta de notas, ávido por captar destellos de calles nuevas para sus ojos, o quizá fantasmas de la ciudad que dejó atrás. Unos y otros juegan a huir de la punta de su lápiz. Entoces Joe cuenta cómo conocio a Lee Dorsey en Nueva Orleáns: dirigía un taller mecánico, después de haber estado en lo más alto de las listas, y llevaba un revólver escondido en la bota.

Si un asomo de cansancio aflora en quienes le acompañamos en su peregrinación nocturna, Joe dibuja su gesto favorito: bajando un poco la cabeza, sesgando la mirada, apretando los puños, con un rictus en los labios que denota coraje y orgullo. Es puro teatro, pero nos hace reir y recobrar fuerzas.

Discutimos sin parar: él defiende el prestigio inmaculado de los santos del siglo de la imagen que surcan el firmamento como estrellas fugaces. Yo intento esbozar con lengua de trapo una ética del rock distinta a la herencia del cine. Por dudosa que resulte su película, su andar con la solapa levantada despide luz por las calles de Madrid. Una estrella callejera solamente puede acabar en mala estrella, ya se sabe.

Joe cultiva una especie de bohemia de lujo, no por despilfarro monetario incompatible con su vena escocesa, sino por lo pulido y escueto de su pose. Dicen que a veces pasa la noche entera en el estudio, durmiendo un rato debajo de la mesa de mezclas. A veces es obvio que se regocija en la incertidumbre. Pero de la estética del caos sólo queda un cerebro cansado de tensión. No hay drogas duras, no hay descontrol. Pasa la noche lenta y metódicamente en los bares de Malasaña, a base de cerveza y porros. Su mujer está a punto de dar a luz su segundo hijo en Londres.

Por mi parte trato de llevar con humor el careo con su actitud derrotista, que me pone algo nervioso. Pero él aguanta la derrota hasta altas horas de la madrugada y en cambio mi optimismo se desparrama por el suelo en cuanto rebaso cierto límite de alcohol.

El guitarista Mick Jones consigue aceptación con Big Audio Dynamite, después de haber sido expulsado de los Clash por el propio Joe, quien ahora no sabe si retomar el grupo o apostar por su carrera en solitario. El último álbum de los Clash sin Mick Jones es flojo, decadente, oportunista, manipulado por los intereses del negocio. ¿Cuándo se puede decir que la historia de un grupo de rock ha terminado? En cuanto se insinúa la duda acerca de lo que aporta cada uno. Un grupo de rock es un magma delicado y enigmático.

Durante los últimos días que pasamos juntos, Joe lleva su drama casi hasta el paroxismo. A través de la reja de una ventana abierta en la oficina de la calle México, sentado sobre el capó de un coche, nos saluda una tarde anunciando que su suerte va inevitablemente a peor. El disco que produce se inclina hacia el desastre, no tiene chica con quien salir y, para colmo de males, el coche que quería comprar ha desaparecido. Era un viejo Dodge Dart abandonado cerca del estudio de grabación. La mitología entera del rock se desmorona. Pero me viene a la cabeza que Chiqui Abril, de la galería Buades, amigo y vecino, tiene aparcado a la puerta de casa un Dodge plateado en aceptable estado de conservación, del que se quiere deshacer por poco dinero.

Joe desaparece unos días, nadie conoce su paradero. Ha habido problemas en el estudio y ha abandonado la grabación. Un día suena el teléfono y su tono de laconismo dramático me comunica que está desesperado: “realmente necesito un dodge” (que en inglés significa un regate o una argucia).

Tras varios días bordeando el delirio, Joe reaparece una noche fresco y radiante, impecablemente vestido de rojo, con el tupé bien alto. Lleva una placa militar con el nombre de su mujer colgada al cuello. Con extrema seriedad me vuelve a hablar del Dodge y me pregunta si creo que está loco. Le contesto que tal vez lo esté, pero que le vamos a conseguir un Dodge.

Los Radio Futura en pleno le acompañamos a la compañía de discos, donde Joe quiere renegociar las condiciones para terminar la producción. Mientras esperamos en recepción guardamos una especie de silencio solidario y militante. De pronto se abre la puerta de la sala de reuniones y salen varios ejecutivos en torno a un abrigo de pieles blancas, desde el que una dama morena alarga una mano que sostiene un cigarrillo sin encender. Joe saca rápidamente su mechero del bolsillo y apuntando hacia ella da un brinco gritando: “Paquirri´s widow!” La mismísima Pantoja, viuda de Paquirri, sí señor. Joe Strummer le da fuego y ella sigue su camino echando humo, sin preguntar quién es aquél vaquero galante.
Unos días después, durante una remezcla en Londres, nos enteramos de que el Dodge de Joe Strummer va rascando las esquinas del centro de Madrid con estruendo de hojalata. Lo llama “El Monstruo”. Cuando volvemos a Madrid, Joe se instala en casa de Luis, bajista de Radio Futura. Duerme vestido encima de la cama, por la mañana, tres o cuatro horas. Ya por la tarde, antes de salir de nuevo a vagar toda la noche, se acicala y se sienta, –cuenta Luis– a fumar, mirando muy serio cómo da vueltas su ropa en la lavadora.”

Santiago Auserón bajo su nombre artístico Juan Perro ha adelantado 4 maquetas del que será su nuevo disco. Una de ellas se titula “José Rasca” y es un homenaje a Joe Strummer. En su myspace podéis oirla y en este enlace os la podéis descargar.

Las anécdotas hispanas de Joe Strummer (III)


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Strummer en el día de su cumpleaños

Seguimos con las anécdotas de Joe Strummer que cuenta tan interesantemente el que fuera su amigo granadino Jesús Arias. En este tercer capítulo nos habla sobre las circunstancias que rodeaban el 40 cumpleaños de Strummer (12 de agosto de 1992) y la repercusión por distintos motivos que habían tenido 2 de sus canciones. Una de ellas es este célebre Should Stay or Should I go?

“Fue en el 40º cumpleaños de Joe, en agosto de 1992. Apareció por Granada con Gaby, las niñas, y otra pareja de amigos para celebrar su cumpleaños. Creo recordar que, gracias a un anuncio de Levis Strauss, “Should I stay or should I go?” había vuelto a las listas de éxitos en Estados Unidos y estaba teniendo bastante repercusión. Joe estaba muy sensible por eso que ahora ya yo sé, lo de la crisis de los cuarenta, cuando te planteas si realmente has hecho algo decente en la vida o no.
El caso es que apareció como siempre, con su castellano anárquico, una camisa hawaiiana, Gaby, las niñas, y toda su ingenuidad de inglés en España. Me llamó desde el hotel Los Ángeles, en donde se hospedaban, y me invitó a comer con ellos. Hacía bastante tiempo que no nos veíamos, pero nos habíamos llamado mucho por teléfono a lo largo de los años y, una y mil veces, me había invitado a ir a su casa de Londres. Yo siempre decía que sí, que iría. Pero nunca lo hice. De hecho, aún no conozco Londres… He estado en Berlín, en Lisboa, pero jamás en Londres. Imperdonable. Y el primero en decírmelo es Richard Dudanski (batería de 101’ers, primer grupo de Strummer). Y tiene más razón que un santo.

Cuando aparecí en el hotel, Joe me saludó como si fuera un hermano suyo. Me presentó a sus amigos todo lleno de orgullo: “My teacher of Spanish!”, les dijo. “My man!”. Joe me contó que le había hablado muy bien de mí a todo el mundo en Londres. “Si necesitas un profesor de español”, me contó que solía decir en Londres, “llama a este tío”. Me habló de que acababa de recibir una llamada de Estados Unidos diciéndole lo bien que iba “Should I stay or should I go?” allí y que pensaba que debería regrabar esa canción de nuevo con la traducción que habíamos hecho entre los dos años atrás (-siento que mis recuerdos vayan a saltos, pero prefiero contarlos así, a bote pronto, antes que tratar de ordenarlos cronológicamente, porque, para mí, no serían tan vívidos ni tan espontáneos, sino mucho más elaborados, y perdería la fluidez… ya contaré en otro momento lo de la traducción al castellano de la canción-).

Joe parecía bastante eufórico, pero su mujer, Gaby, me contó, en un momento en el que él estaba llamando a unos y a otros por teléfono para decir que estaba en Granada, que Joe no se encontraba bien. Estaba bastante deprimido por eso de cumplir 40 años y estaba atravesando una fuerte crisis, lo que después mucha gente llamaría “The wild years” de Joe. Se encontraba musicalmente perdido, las bandas que intentaba montar no terminaban de salirle bien, la sombra de The Clash le pesaba como una losa… En definitiva, según Gaby, la vuelta a Granada era como volver a respirar aire fresco, regresar a los tiempos en los que él realmente había disfrutado. Quería celebrar su cumpleaños entre “su” gente, sus amigos, entre los colegas que lo conocían como “Joe” solamente: los camareros de los bares que ignoraban que él fue parte de una banda famosísima y que sólo tenían en cuenta que le encantaba el ‘pálido-cola’, los flamencos del Sacromonte, los rockeros de La Cúpula… Gaby me pidió, más o menos, que actuara de ‘hermano mayor’ de Joe, que lo animara.

Habíamos decidido ir a comer al Campo del Príncipe, una plaza bastante bonita de Granada que Joe recordaba con mucho cariño por sus bares, sus camareros, el vino, el ambiente festivo que siempre había -y hay- por allí. Nos fuimos dando un paseo.

En el Campo del Príncipe nos esperaban Fernando Romero, hermano de Esperanza y Paloma Romero (Paloma=Palmolive, The Slits, la antigua novia de Joe en los tiempos de los 101’ers) y Gabi Contreras (“el médico loco”, como lo llamaba Joe, radiólogo eminente y uno de los más íntimos amigos de Sid Vicious), los dos con sus familias. De manera que nos juntamos en una terraza un considerable equipo de gente (familias con niños) a beber cerveza.

Joe se sentó a mi lado para charlar conmigo. Ya habíamos hablado de eso bastantes veces por teléfono, pero volvió a sacarme el tema. Él estaba muy enfadado porque, el año anterior, durante la Guerra del Golfo, Estados Unidos había utilizado “Rock the Casbah” como “himno” entre los soldados americanos en una emisora de radio de una base norteamericana antes de ir a Iraq a lanzar las bombas. El quería hacer una canción contra eso, contra el Ejército de los Estados Unidos. Tenía un título para una canción, “Tranceblues” y una historia divertida: El Ejército USA es enviado a invadir Granada, en donde ha habido un golpe de Estado (la isla de Granada) pero, por equivocación, invade la ciudad de Granada. La canción iba en torno a eso: era un cúmulo de despropósitos.

Creo que ya hablé sobre eso en otro topic. Joe escribiría la letra y yo hacía la música. Hablamos sobre ello durante bastante rato y muchas cervezas (yo le dije que ya tenía la música) y, tras un silencio, Joe cambió de tema y me espetó: “Man, I’m pretty fucked” o algo así (“Estoy bien jodido”).

Le pregunté por qué.

Tal y como me había dicho Gaby, Joe me contó que su vida era una mierda, que tenía 40 años, que no había hecho nada importante, que era un desastre, que se sentía un fracasado, que Mick Jones, al menos, había creado Big Audio Dynamite y era feliz y famoso, mientras que él se sentía completamente al margen.

Yo traté de disuadirle. “Tío”, le espeté en inglés, “tú has escrito canciones como ésta, ésta y ésta. Yo a tí te admiraba cuando yo tenía 16 años. ¿Recuerdas lo que me decías tú de los Rolling Stones? ¡Pues tú fuiste mis Rolling Stones! Yo tocaba en mi guitarra, en mi habitación, ‘1977’ y escribí una canción llamada ‘1984’ porque en ‘1977’ tu cuenta atrás se terminaba en 1984”.

Y le hablé de lo amigo que era para mí, muy al margen de The Clash, muy al margen del Joe Strummer famoso. Le dije lo mucho que lo quería como amigo…”

Como cierre os dejo con Rock The Casbah, utilizada para unos fines que Strummer aborrecía.