Las anécdotas hispanas de Joe Strummer (VII)


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Mick Jones y Tymon Dogg en el homenaje a Strummer en Granada en el 2003

Parce que fue ayer cuando empezamos con esta serial y ya vamos por la séptima parte. Esta vez Jesús Arias nos introduce a Mick Jones y nos relata cómo resolvió Strummer su enfrentamiento con él. Sin más rodeos, aquí tenéis el jugoso texto.

“Es que tiene ya los cincuenta y está listo de pelo. Pero el tío, realmente, es un encanto como persona. Exactamente igual que Joe, que Richard Dudanski, que Tymon Dogg. Yo no sé lo que tiene esa generación de punks ingleses, pero son todos dignos de conocer y de compartir una tarde de charla con ellos. Super-humildes. Les mencionas una canción suya y te dicen: “¡Dios mío, ¿conoces esa canción? Joder, gracias por decírmelo, me ha encantado que te guste!”. Y les preguntas: “¿Cómo tocabas esta canción?”, van, buscan una guitarra, se sientan a tu lado, y te dicen: “Yo la tocaba así”. Y te la tocan.

Ya puse en un tópic cómo se tocaba “London Calling”, según me la explicaron Joe Strummer (en 1985) y Mick Jones (en 2003).

Joe, a Mick Jones, le tenía muchísimo cariño. Creo que Joe empezó a confiarme muchas cosas y a contarme muchas cosas porque yo era, en sus tiempos de crisis, el único que le decía: “Tío, deberías llamar a Mick Jones, reconciliarte con él, charlar, volver a tocar juntos”. Ahí fue, en 1985, cuando Joe se me abría mucho, me hablaba mucho de sus crisis, de su inseguridad, de lo que echaba de menos el espíritu de The Clash.

Un día, en 1988, o mejor dicho, una noche, a las tantas, sonó el teléfono en casa. Era Joe. “Man, I did it. I phoned Mick today. He has invited me to visit the studio to see what BAD is doing right now. Gracias por el consejo, hombre”. Y me estuvo informando prácticamente a diario de todas las sesiones de “Tighten Up”, de los BAD. De que se había reconciliado con Mick Jones y quería que yo fuese el primero en saberlo.

Le conté eso a Mick Jones en 2003, justo mientras charlábamos con la Alhambra al fondo y mientras la fotógrafa de mi periódico nos hacía esa foto. “Al fin estoy en el sitio”, me contó Mick, “del que Joe me había hablado tantas veces… Granada. Y ahora lo entiendo. Tenía que haber venido antes. Teníamos que haber venido los dos antes aquí… Bueno, yo estoy aquí. Joe debe andar más o menos por aquí. Nunca debimos habernos peleado, porque siempre fuimos colegas (mates) (because we were always mates, soul-mates”.

Un tipo super-entrañable Mick Jones…”

Y para finalizar, 2 videos de aquella noche del 20 de agosto del 2003 en Granada.

Las anécdotas hispanas de Joe Strummer (I)


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Joe Strummer y detrás La Alhambra

Comenzamos hoy una serie de artículos en los que os contaremos algunas de las anécdotas más interesantes de John Graham Mellor, más conocido como Joe Strummer, cantante, compositor y guitarrista de The Clash, durante sus estancias en España.

londoncallingA finales del pasado mes de junio Bruce Springsteen abría sus conciertos en Londres y Glastonbury con London Calling y Coma Girl, 2 canciones de Joe Strummer. Fue todo un guiño al miembro de The Clash y un bonito gesto además hacerlo en su propia tierra. Joe Strummer, figura clave en la historia del punk-rock anglosajón y fallecido prematuramente en 2002, tuvo desde sus comienzos como músico una relación especial con España.

Cuando vivía en Londres en una casa ocupada, convivió con un navarro y dos malagueñas. Una de ellas sería su novia durante un par de años, de nombre Paloma Romero, pero “bautizada” como Palmolive por Paul Simonon, futuro bajista de la banda, al no saber pronunciar bien su nombre. Esta chica, que luego sería batería de dos grupos punks (The Slits y The Raincoats), vivió en Granada y posiblemente fue la culpable de la atracción hacia esa ciudad que demostró posteriormente Strummer. En una de sus canciones más emblemáticas, Spanish Bombs, mezclando el inglés con un castellano macarrónico, trataba el tema de la guerra civil y del asesinato de Federico García Lorca. Y es que el poeta granadino era uno de sus grandes mitos. Tal era la fascinación que tenía hacia su obra que en 1984, huyendo de los conflictos que salpicaban al grupo, escogió vivir en Granada091_Doce canciones sin piedad

Allí conoció a 091, grupo local que por aquel entonces daba sus primeros pasos y que durante 14 años forjaría una trayectoria tan reputada como incomprendida por el gran público (cómo fue ese encuentro también da para otro jugoso artículo del que próximamente tendréis noticias). Jesús Arias, periodista actualmente, en el pasado integrante de los grupos T.N.T y Exxon Valdez, y hermano del bajista del grupo Antonio Arias, se hizo amigo de él. Cuando Strummer se encargó de la producción de su segundo disco (Más de Cien Lobos) allá por 1986, estaba pasando por malos momentos. Tenía una especial admiración por 091 y quería que hacer una producción de la que sentirse orgulloso, pero la compañía le ponía infinidad de trabas a su trabajo y no aceptaba muchas de sus propuestas. Él se sentía ninguneado y deprimido, necesitaba apoyo moral y Jesús fue una de esas personas donde lo encontró. Esta es la antesala para la anécdota que cuenta en primera persona el propio Jesús Arias y que empieza cuando conoce a un músico callejero llamado Fabrizzi.

“Fabrizzi era uno de esos bohemios trotamundos que se ganaba la vida tocando su acordeón en la calle Zacatín de Granada. Era un “homeless” que interpretaba al acordeón música clásica (Tchaikovsky, Mozart, Beethoven), tangos, canciones pop, lo que fuera, siempre con una maestría increíble. Un músico excepcional.

Arias conocía a Fabrizzi desde hacía unos meses. “Había oído una música buenísima desde lejos y, conforme me acercaba, descubrí que era un acordeonista callejero. Me quedé escuchándolo al menos media hora, echándole monedas y aplaudiendo con cada nueva cosa que tocaba. Era la hostia. Al final, cuando ya el grupo de gente que se había congregado a su alrededor se había dispersado, yo seguía allí, todo embelesado”.

Le dije: ¿Cómo te llamas, tío?

Me dijo: Me llamo Juan Carlos, pero todo el mundo me llama Fabrizzi.

Le dije: Pues eres la hostia. De verdad.

Me dijo: Tú debes ser músico.

Le dije: Sí. Y estoy asombrado. ¿Cómo consigues tocar a Tchaikovsky de esa manera? Estoy alucinado.

Me dijo: Tchaikovsky no es tan complicado. Lo difícil son los Clash y los Rolling Stones.

Le dije: No me jodas. ¿Conoces a los Clash?

Me respondió: ¿Los Clash? Son mi grupo favorito.

Y empezó a tocar “Jimmy Jazz”.

Le dije a Fabrizzi: “Recoge: Te invito a lo que quieras”.

Nos fuimos a un bar, bebimos cervezas y hablamos larguísimamente sobre los Clash. Nos despedimos una hora después. Yo, a partir de ese día, trataba de pasarme por la calle Zacatín para oírlo, él para pedirme que le contara historias de Joe Strummer o para que me contara que lo habían contratado como músico en una obra de teatro.

Y bueno, aquel día, en el Campo del Príncipe, mientras Joe está diciéndome lo jodido que está, aparece Fabrizzi con su acordeón. Lo veo de lejos. Le hago un gesto. Me ve de lejos y se acerca, sin dejar de tocar, hasta nuestra mesa. Y esta escena es la hostia. Uno de los momentos más acojonantes de mi vida. Majestuoso.

Nada más llegar, le digo a Fabrizzi: “Fabrizzi, éste tío de aquí es Joe Strummer”.

Fabrizzi lo mira. Me mira a mí. Me dice: “No. Ése no es Joe Strummer”.

Joe se vuelve hacia él, y le dice en español: “Si, yo soy Joe Strummer, señor”.

Fabrizzi le dice: “Tú no eres Joe Strummer. Tú te pareces a Joe Strummer. Pero no eres Joe Strummer”.

Joe me pide que traduzca lo que ha dicho Fabrizzi. Se lo traduzco.

Joe se enfada: “Of course I’m Joe Strummer!”.

“Tú no eres Joe Strummer”, le dice Fabrizzi con toda tranquilidad.

Joe se levanta de su silla. “¡Sí soy Joe Strummer!”, dice en español.

Fabrizzi, tan vagabundo, con sus ojos a lo Martin Feldman, sonríe como los vagabundos que han visto de todo y han oído de todo en este mundo. Vuelve a decirle: “Que no, que no eres Joe Strummer. Yo conozco a Joe Strummer y es mucho más alto que tú”.

Joe me pide traducción. Traduzco.

Fabrizzi le espeta entonces: “Si eres Joe Strummer, canta esto”.

Y se pone a tocar “Jimmy Jazz”.

Cuando Joe Strummer escucha que un músico callejero está tocando en un acordeón “Jimmy Jazz”, que le dice en su cara que no es Joe Strummer… Joe… Ese Joe Strummer se va a su lado y, como otro músico callejero, se pone a cantar “Jimmy Jazz” con la voz de Joe Strummer. Y los dos músicos se miran. Y Fabrizzi toca de la hostia y Joe Strummer canta de la hostia.

Putos músicos los dos, como si estuvieran tocando en el metro de Madrid.

Y Joe cantando con lágrimas en los ojos. El día de su cumpleaños se va a Granada y se encuentra a un músico vagabundo que toca sus canciones por la calle para ganarse la vida, que le niega el derecho a ser Joe Strummer, pero que se sabe sus canciones.

Terminan el “Jimmy Jazz” y Fabrizzi le dice: “Bueno, la voz se parece bastante. Pero, si quieres, probamos con ‘London Calling'”.

Fabrizzi me dice luego: “Dile que sí, que es Joe Strummer”.

Se lo traduzco a Joe, al que le caen los lagrimones por toda la cara. “El mejor cumpleaños de mi vida”, dice Joe. “El mejor cumpleaños de mi vida”. Para colmo, se acercan a nuestra mesa unos turistas ingleses, y le echan unas monedas a Joe: “Brilliant, really brilliant. You both sound exactly as The Clash (Brillante, realmente brillante. Ambos sonáis exactamente como los Clash).”

Para cerrar esta primera entrega, os dejo con Coma Girl, una de mis canciones preferidas con su grupo Los Mescaleros incluída en el álbum póstumo Streetcore.