Las anécdotas hispanas de Joe Strummer (VI)


Nuevo capítulo de la mano una vez más de Jesús Arias que nos desvela dos divertidas anécdotas del miembro de The Clash. El desconocimiento del castellano le jugó malas pasadas a Strummer, algo que queda patente en una de las canciones más famosas del grupo. Y como colofón, su amigo Jesús nos cuenta la genial idea que se le ocurrió a Joe mientras grababan el disco de 091. Sin desperdicio.

1985. Debía ser primavera o así. De la época no me acuerdo. Los 091 estaban grabando las maquetas del LP Más de cien lobos en un estudio granadino, el estudio de Fernando Romero, que estaba en la calle Pasaje de Recogidas, en Granada. Previamente a esas maquetas, durante finales del año anterior y comienzos de 1985, el grupo había estado grabando maquetas de las canciones en el ensayo y, la verdad, es que el trabajo estaba bastante bien. Joe escuchó aquellas cintas, cuando ya todos los acuerdos para que él produjera el disco se habían cerrado, y estaba muy entusiasmado con el proyecto. Tanto, que él quiso empezar a querer ser parte de 091 como uno más. Se puso como loco a estudiar castellano (yo era el que le daba las clases) y a tratar de escribir canciones en español para 091.

Compuso dos que eran deliciosamente desastrosas. Una especie de bulería flamenca-rumba llamada “Tú tienes Londres, tienes París” y otra llamada “La Ferretería”, un blues que hablaba “del hombre del chocolate”, de “las bellas señoritas”, mezclando palabras en castellano y en inglés. Como letrista en castellano, puedo decir que Strummer era uno de los tipos más desastrosos que he conocido: lo mezclaba todo sin sentido. Ya se lo hice ver cuando un día surgió el tema de Should I stay or should I go? y me dijo que estaba muy orgulloso de haber escrito la parte en castellano con un amigo suyo en Londres. Se llevó un chasco cuando le dije que en España nadie se enteraba de lo que estaba cantando. “¿No se entiende ni una sola palabra?”, me preguntó alarmado. “Ni una”, le contesté yo. Y entonces me hizo una pregunta que me hizo tirarme de espaldas, muerto de risa:

“¿Y en México? ¿Se entiende lo que canto en México?”.

Al final, cuando terminé de reír, le dije que no, que tampoco en México.

Un día le llevé una adaptación en castellano de Should I stay or should I go?, la leyó, me dió un abrazo, me dijo: “Muchas gracias, amigo”, y se la guardó en el bolsillo como si fuera un tesoro. A todos los colegas ingleses que se fue encontrando a su vuelta a Londres, según me contaría después, les decía que ya tenía la letra de Should I stay or should I go? en “correct Spanish”, como si alguien le hubiera descifrado un jeroglífico.

Eso le animó mucho a aplicarse mucho en las clases que yo le daba de castellano y a esforzarse bastante. Llegó a dominar muchos giros en español, a soltar “hijo de puta” como si fuera del Sacromonte y cosas así. También le animó a intentar a hacer sus pinitos poéticos como letrista…

El resultado fueron esas dos “joyas” que escribió para 091 y que están grabadas. Yo tuve copia de esas cintas durante mucho tiempo, pero debí prestárselas a alguien y no sé por dónde andarán. Pero seguro que Tacho (batería), que era el gran recopilador del material de 091, como José Antonio (cantante) o Lapido (guitarra) deben tener por ahí. Sería espléndido que las sacaran. Como canciones son un desastre, unas simples maquetillas. Como documento histórico tienen su cosa.

Recuerdo el día que se grabaron en el estudio de Fernando Romero. El grupo llevaba bastantes días acumulando mucha tensión por toda la grabación “seria” de las maquetas, es decir, canciones como Cuando pierdo el equilibrio (que, en versión de 091, iba a toda leche y que luego Joe, en los estudios de Madrid, obligaría a rebajar de velocidad hasta llegar, como él dijo, “al feeling de Honky Tonk Women”), “Blues para olvidar”, En la calle

Al final de una de esas intensas sesiones, decidieron grabar las dos canciones de Joe. Lo hicieron con “sonido directo”, es decir, con todo el mundo grabando al mismo tiempo y los micros abiertos por toda la sala. “Tú tienes Londres, tienes París” tiene una introducción flamenca en guitarra acústica, y José Antonio se arrancaba a cantar como un cantaor flamenco. Tacho, Joe y yo éramos los palmeros: ta-ta…ta. ta-ta…ta, y todos en general hacíamos los coros:

“Tú tienes Londres, tienes París
y yo me voy con el ejército del Cid”…

La letra (de la que no me acuerdo) no tenía desperdicio en cuanto a despropósitos lingüísticos. Pero, reírnos, nos reímos lo nuestro aquel día.

Luego, el grupo grabó “La Ferretería”, en la que Joe contaba cómo trataba de pillar chocolate en las calles de Granada y se iba confundiendo de sitios hasta terminar en una ferretería. Era algo así. Ahí él cantaba como segunda voz y coros en los estribillos. Otro delicioso desastre.

Pero el tío era genial. Los 091 deben acordarse de esto como si lo hubieran vivido ayer.

Al término de unas grabaciones (no sabría decir si fue esta, o fue otro día, porque estuve asistiendo a la grabación de las maquetas durante casi todos los días) a Joe se le ocurrió una idea genial: terminar un tema con el sonido estrepitoso de una persiana metálica cayendo de golpe.

A él le había fascinado mucho ver cómo los talleres mecánicos, algunos comercios, muchas tiendas, tenían persianas metálicas que hacían rodar hacia abajo estrepitosamente hasta que chocaban contra el suelo. Y luego les ponían candados. Cosas así, las persianas metálicas, el sonido de las cortinas de tiras de plástico de los bares del Sacromonte, le sorprendían mucho. Lo tenían fascinado.

Como el estudio de Fernando Romero tenía una persiana metálica, se le ocurrió la idea de grabar su sonido cayendo y luego haciendo Chhhhhaaaaassssss! contra el suelo.

El estudio tenía dos plantas, la primera, que estaba a ras de la calle, y el sótano, que estaba absolutamente acolchado para las grabaciones. Joe explicó lo que quería hacer: grabar, desde el sótano, el sonido de la persiana metálica de la entrada, que estaba, por cierto, bastante lejos de los micrófonos más cercanos. Pero se intentó.

Fue el mismo Joe el que subió escaleras arriba, atravesó el vestíbulo, se enganchó a la persiana metálica y la cerró de golpe.

Los micros grabaron un sonido lejísimo y apenas perceptible. Joe atravesó el vestíbulo, bajó las escaleras, escuchó la grabación y dijo: “Se tiene que oír más fuerte. I need it louder, much more loud than this”. Volvió a subir las escaleras, atravesar el vestíbulo, subir la persiana, engancharse a ella y bajarla estrepitosamente.

Abajo sonó un poco más fuerte, pero no mucho más.

Vuelta a subir las escaleras, atravesar el vestíbulo, engancharse a la persiana. Y esta vez sí: nosotros, que estábamos abajo, oímos un estrépito alucinante a través de los altavoces, chasquidos metálicos, cosas que caen.

“¡Fantástico!”, le dijo alguien a Fernando Romero, el ingeniero.

Entonces apareció Joe escaleras abajo: “Lo siento, Fernando”, dijo. “Creo que acabo de destrozar tu puerta”.

Efectivamente: subimos, y allí estaba la persiana metálica, desencajada, tirada en medio de la calle. Joe había tirado con tal fuerza de ella, que la había desencajado de las guías y la puerta había ido dando tumbos hasta quedar en medio de la calle.

“Dime cuánto te debo por esto, Fernando”, le preguntó Joe como un cordero. “Lo siento, I’m really sorry for this”.

Aquella noche nos reímos todos como locos en El Silbar.

Finalizo este capítulo con una actuación en televisión de 091 tocando un playback de Cuando pierdo el equilibrio.

Una respuesta

  1. […] ter nin papa (“Spanish bombs is fucking well pronounced, buddy!”). Non serei eu quen lle pase este enlace, que non quero perde-la súa (recente) […]

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